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Comer bien

Cómo leer una etiqueta nutricional

Ese pequeño recuadro en blanco y negro de la parte de atrás del paquete guarda más información útil que casi cualquier cosa del frente. Una vez que sabes dónde mirar, leerlo toma unos diez segundos, y te devuelve sin ruido el control de lo que comes.

Una persona en un pasillo iluminado del supermercado dando vuelta a un paquete para leer la información nutrimental de atrás.

Photo by Erik Mclean on Unsplash

Consejos rápidos

  • Revisa el tamaño de la porción antes que nada.
  • Recuerda que 5% es bajo y 20% es alto en la columna del %VD.
  • Busca bajo en sodio y azúcares añadidos, y alto en fibra.

El frente de un paquete es publicidad. "100% natural", "hecho con fruta de verdad", "buena fuente de proteína", en una tipografía amable sobre un amanecer. La parte de atrás del paquete es donde vive la historia de verdad, en un recuadro sencillo que nadie diseñó para hacerte sentir nada. Ese recuadro es la etiqueta de Información Nutrimental, y aprender a leerla es una de las cosas más discretamente empoderadoras que puedes hacer por tu alimentación.

No necesitas memorizar números ni contar nada. Solo necesitas saber los cuatro o cinco lugares donde tus ojos deben posarse, y qué significan.

Empieza por arriba: el tamaño de la porción

Todo lo demás en la etiqueta depende de esta sola línea, y es la línea que la gente se salta. El tamaño de la porción, y las porciones por envase justo arriba, fijan las reglas para cada número de abajo.

Aquí va el detalle que vale la pena atrapar. El tamaño de la porción no es un consejo sobre cuánto comer. Es una cantidad estandarizada que el fabricante usa para reportar los números. Una bolsa pequeña de papas que parece un solo antojo podría indicar "2.5 porciones". Lo cual significa que si te comes toda la bolsa (y quién compra una bolsa pequeña para comerse la mitad), multiplicas cada número de abajo por 2.5. Las calorías, el sodio, todo. Muchos alimentos que parecen razonables en la etiqueta simplemente se esconden detrás de un tamaño de porción pequeño.

Así que pregúntate siempre primero: ¿cuánto voy a comer en realidad, comparado con una porción? Luego lee el resto con esa cuenta en mente.

Las calorías y luego las dos listas cortas

Las calorías te dicen cuánta energía hay en una porción. Es útil, pero por sí solo es un número tosco. Un puñado de nueces y un puñado de dulces pueden quedar cerca del mismo conteo de calorías y hacer cosas muy distintas en tu cuerpo. Así que échale un ojo a las calorías y luego sigue adelante hacia la parte que te habla de la calidad.

Debajo de las calorías, los nutrientes se ordenan más o menos en dos grupos, y la FDA es refrescantemente directa sobre cuál es cuál.

Come menos de estos: grasa saturada, sodio y azúcares añadidos. La mayoría de nosotros ya comemos demasiado de los tres, y con el tiempo se relacionan con riesgos reales para la salud. "Azúcares añadidos" es una línea especialmente útil, porque separa el azúcar que se le agregó del azúcar que vive de forma natural en el alimento, como el de la leche sin endulzar o el de la fruta.

Come suficiente de estos: fibra dietética, vitamina D, calcio, hierro y potasio. A la mayoría nos faltan estos, y es fácil quedarse corto sin darse cuenta.

No tienes que sopesar las dos listas con una calculadora. Solo fíjate si un alimento se inclina hacia las cosas que quieres en mayor cantidad o hacia las que quieres en menor cantidad.

El atajo que lo hace instantáneo: el %VD

Del lado derecho de la etiqueta hay una columna de porcentajes, el Porcentaje de Valor Diario. Esta es la parte que convierte leer la etiqueta de una tarea pesada a un simple vistazo. El %VD hace la cuenta por ti, mostrando cuánto aporta una porción al total de un día típico de cada nutriente.

Hay una regla sencilla de la FDA que vale la pena grabarte en la memoria:

Ese es todo el truco. Quieres alimentos que sean altos (20% o más) en lo bueno, como la fibra y el potasio, y bajos (5% o menos) en las cosas a limitar, como el sodio y la grasa saturada. Recorre los porcentajes, fíjate hacia dónde se inclinan, y listo. No hace falta libreta.

Una palabra rápida sobre la cifra de 2,000 calorías impresa cerca del final: es solo un punto de referencia para los porcentajes, no una meta para ti en particular. Tus necesidades reales dependen de tu edad, tu tamaño y qué tan activo eres. El %VD sigue siendo útil como guía relativa sin importar dónde caiga tu propio número.

Una verificación amable con la realidad

Las etiquetas son una herramienta, no un veredicto. Son fantásticas para comparar dos productos parecidos en el estante, dos panes, dos cereales, dos salsas para pasta, y ver cuál lleva en silencio menos sodio o más fibra. No están hechas para convertir una comida en un ejercicio de contabilidad ni para que comer se vuelva algo que te dé ansiedad. Los alimentos enteros, como una manzana o una bolsa de frijoles secos, muchas veces tienen las etiquetas más sencillas y mejores de todas, o ninguna etiqueta que leer.

Y si estás manejando una afección como diabetes, presión alta o problemas en los riñones, o trabajando en tu relación con la comida, un nutriólogo titulado o tu médico pueden ayudarte a usar estos números de una forma que se ajuste a tu vida. La etiqueta te da los datos. El profesional adecuado te ayuda a decidir qué hacer con ellos.

La próxima vez que estés en la cocina, voltea un paquete. Encuentra el tamaño de la porción y luego pasa la vista por la columna del %VD. Sabrás más sobre tu cena en diez segundos de lo que el frente de la caja jamás quiso contarte.

Fuentes

Antes de irte: una nota sobre el cuidado

Keep Calm ofrece herramientas educativas y gratuitas de autoayuda. Esto no es consejo médico, diagnóstico ni terapia, y no sustituye la atención profesional. Si algo aquí resuena como algo más que el estrés cotidiano, buscar a un profesional es un paso firme y sensato.

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